Carpe Diem
A Julio Cortázar *** —Yo sé que Dios nos hará el milagro. —Mejor no metas a Dios en este asunto. —A Dios hay que meterlo en todo, así no exista. —Yo prefiero que lo saques. Ya hemos sido suficientemente cínicos como para tratar de justificarnos. —No trato de justificarme. Sólo apelo a tu fe. —¿Fe? Yo sólo creo en Dios y nada más. —¿Nada más? Creer en Dios conlleva tantas cosas. Mejor vive el momento. —No creas tú, si no quieres. No es necesario que intentes justificar este error escudándote en lo que yo crea. Además, mi vida es más que este momento. —¿Error? Esa palabra le retumbó en el tímpano. Dio tres pasos adelante y se puso justo frente a su cara. Se le arrugó la frente y sus mejillas se dilataron por las mordidas que daba en seco. —¿Error? Me parece que eso no es coherente con todo lo que pasó o lo que está pasando. Pero bueno, por lo menos fui un error en tus brazos. Se llevó las manos a la cara como para contener la ira. O la tristeza. Nunca hay ira si antes no...