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Carpe Diem

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A Julio Cortázar ***  —Yo sé que Dios nos hará el milagro. —Mejor no metas a Dios en este asunto. —A Dios hay que meterlo en todo, así no exista. —Yo prefiero que lo saques. Ya hemos sido suficientemente cínicos como para tratar de justificarnos. —No trato de justificarme. Sólo apelo a tu fe. —¿Fe? Yo sólo creo en Dios y nada más. —¿Nada más? Creer en Dios conlleva tantas cosas. Mejor vive el momento. —No creas tú, si no quieres. No es necesario que intentes justificar este error escudándote en lo que yo crea. Además, mi vida es más que este momento. —¿Error?  Esa palabra le retumbó en el tímpano. Dio tres pasos adelante y se puso justo frente a su cara. Se le arrugó la frente y sus mejillas se dilataron por las mordidas que daba en seco. —¿Error? Me parece que eso no es coherente con todo lo que pasó o lo que está pasando. Pero bueno, por lo menos fui un error en tus brazos.  Se llevó las manos a la cara como para contener la ira. O la tristeza. Nunca hay ira si antes no...

El preludio de un posible desastre

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1. Mañana se surten las elecciones en este país que, como dice García Márquez, “no ha tenido un solo instante de sosiego”, por cuenta de la guerra, una guerra absurda e injusta que ha cobrado millones de víctimas, la mayoría pobres campesinos sin futuro. Un país cuyo pasado es de sangre y, por lo que veo, se vislumbra en un futuro incierto y rojizo. Este país no ha aprendido de tanta muerte y tanta desolación. Pero hay que insistir. 2. Hay dos candidatos; uno, que ha labrado una carrera académica y política a pulso y que no tiene ninguna, oigase bien, ninguna investigación. Un candidato que desde que lo conozco ha hablado de paz, apesar de que fue víctima de la guerra cuando le mataron a su padre, ha escrito libros denunciando la corrupción e hizo debates contundentes en el congreso, que revelaron la triste alianza entre políticos y el paramilitarismo: la parapolítica. Un candidato sobre el que se tejen acusaciones falsas, pero que hasta ahora, nadie ha podido demostrar que alguna sea ...

De la democracia y otras desgracias

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1. El poeta Álvaro Mutis denostaba de la democracia y prefería las monarquías absolutistas. Creía que era peligroso poner en las manos de gente desinformada, indolente y acrítica, la responsabilidad de, por ejemplo, poner presidente. Exageraba Mutis en admirar las monarquías, pero su crítica a la democracia es válida, sobre todo en tiempos en los que la información está a la mano y la gente escoge la desinformación. Rayarle la cara a un candidato, es solo una parte de la democracia. La otra, la fundamental, pasa por informarse, por mirar la realidad con un poco de sensibilidad por los otros. Nos falta dejar de ser tan manipulables, indolentes, ciegos del alma.  2.  Ganó Abelardo la primera vuelta. Qué peligro. Un hombre violento, machista, iletrado (aunque abogado) e indolente. Lo raro es que mucha gente se sienta identificada con él. Incluso gente que pasó por las facultades de humanidades y de arte. Pero eso es, también, la democracia: poder elegir a quien en el fondo es par...

La metáfora de la ola

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1. El mar tiene una magia difícil de explicar con palabras. Hay que sentirlo para no tener que entenderlo. Muchas veces me he parado frente al mar y he mirado, hasta donde mis ojos permiten interpretar el allá, y he podido constatar que en medio de tanta inmensidad se esconde una dinámica simple. El mar está ahí, contenido, y se mece como una hamaca vacía. Se eriza, y conmovido por el movimiento, manda gritos que suben como el coletazo de una ballena. El mar, —¡cuántos secretos no guardas también, como la montaña inexpugnable que es una mujer infiel!— ese abismo, ese hondo escrutinio, esa caja de secretos ahogados. El mar.  2.  Miro la ola que viene, su espuma y ese crujir. Parece una cerveza desvaneciéndose en el vaso. La arena absorbe, como la lengua, el resto de mar que quedaba. La ola que vino no volverá. Vendrá otra y otra y quedarán atrás, en el olvido, como el muerto después del sepelio. Y vendrá otro mar y otro cadáver. Le doy una bocanada a mi cigarrillo. Meto mis pie...

A veces el cielo deja ver las estrellas

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Mi hermano y yo  nos acostamos boca arriba  y miramos las estrellas  Hay unas luminosas que ondean como velas  (Una estrella es una herida del tiempo)  Otras titilan pero de la timidez se apagan  “¿Qué pasará con esas estrellas?” le pregunto a mi hermano, pero él calla (Y se resguarda en el silencio, en la nada) Otras pasan fugaces  —como esos misiles que caen  sobre Los hambrientos— y se difuminan  cuando al endeble cuerpo  lo difaman la sangre, la muerte, y la llama Pero, ¿y qué serán de aquellas  que perdidas en la nada  son arropadas por lo lejos?  Cómo será su andar  cómo su viaje audaz  cómo su tiempo Ahora que lo pienso  su viaje de allá hasta acá  mastica su cuerpo  que es un poco de luz un poco de viento  Le cuento el sueño a mi hermano  y veo sus ojos hambrientos: “Los escombros, los escombros  nos han salvado”, dice, sediento  Mi madre muerta, a la muerte invita ...

Carpe diem

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Un particular profesor de literatura llega a una institución educativa que enseña bajo los principios conservadores del  honor, la disciplina y la excelencia. Allí, empieza a enseñar con métodos bastante revolucionarios: enseña fuera del aula, lee poesía en voz alta y destruye, junto a sus estudiantes, los módulos que tratan de explicar la poesía como una estructura inamovible. Insiste en vivir el presente y disfrutar la vida, y aprender a ver el mundo. Un verdadero rebelde en medio de un sistema de enseñanza rígido, anacrónico y católico. Evidentemente, y como ocurre siempre, el profesor es visto con desdén, desconfianza y hasta desprecio por aquellos profesores que son incapaces de buscar formas más profundas de enseñar: el diálogo, la lectura, el silencio. Al final, como suele ocurrir siempre, y debido a una serie de sucesos que ocurren con algunos jóvenes que deciden romper los esquemas, el profesor es expulsado de la Institución, y todo siguió siendo igual. Había muerto Carpe ...

Nohelia

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                                                                                  Para Zurisadai  1. Como la espuma del mar que deja su rastro en la arena  Como las ramas de un árbol que delimita con paciencia su sombra  Como la imagen que el fuego deja en el recuerdo del carbón  Como la piedra desprendida en la montaña que espera por inercia su caída  Como la lluvia que un día dejó de añorar la horizontalidad del río Como la tarde que tiene su piel tatuada por el sol  Como el insomnio del río donde anochecen los peces  Como la caricia que escribe en silencio el amor sobre la piel Como la marca macabra en el brazo del esclavo  así quedaste indeleble en mi lenguaje  2. Tus ojos se hicieron ceniza  ...