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De la democracia y otras desgracias

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1. El poeta Álvaro Mutis denostaba de la democracia y prefería las monarquías absolutistas. Creía que era peligroso poner en las manos de gente desinformada, indolente y acrítica, la responsabilidad de, por ejemplo, poner presidente. Exageraba Mutis en admirar las monarquías, pero su crítica a la democracia es válida, sobre todo en tiempos en los que la información está a la mano y la gente escoge la desinformación. Rayarle la cara a un candidato, es solo una parte de la democracia. La otra, la fundamental, pasa por informarse, por mirar la realidad con un poco de sensibilidad por los otros. Nos falta dejar de ser tan manipulables, indolentes, ciegos del alma.  2.  Ganó Abelardo la primera vuelta. Qué peligro. Un hombre violento, machista, iletrado (aunque abogado) e indolente. Lo raro es que mucha gente se sienta identificada con él. Incluso gente que pasó por las facultades de humanidades y de arte. Pero eso es, también, la democracia: poder elegir a quien en el fondo es par...

La metáfora de la ola

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1. El mar tiene una magia difícil de explicar con palabras. Hay que sentirlo para no tener que entenderlo. Muchas veces me he parado frente al mar y he mirado, hasta donde mis ojos permiten interpretar el allá, y he podido constatar que en medio de tanta inmensidad se esconde una dinámica simple. El mar está ahí, contenido, y se mece como una hamaca vacía. Se eriza, y conmovido por el movimiento, manda gritos que suben como el coletazo de una ballena. El mar, —¡cuántos secretos no guardas también, como la montaña inexpugnable que es una mujer infiel!— ese abismo, ese hondo escrutinio, esa caja de secretos ahogados. El mar.  2.  Miro la ola que viene, su espuma y ese crujir. Parece una cerveza desvaneciéndose en el vaso. La arena absorbe, como la lengua, el resto de mar que quedaba. La ola que vino no volverá. Vendrá otra y otra y quedarán atrás, en el olvido, como el muerto después del sepelio. Y vendrá otro mar y otro cadáver. Le doy una bocanada a mi cigarrillo. Meto mis pie...

A veces el cielo deja ver las estrellas

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Mi hermano y yo  nos acostamos boca arriba  y miramos las estrellas  Hay unas luminosas que ondean como velas  (Una estrella es una herida del tiempo)  Otras titilan pero de la timidez se apagan  “¿Qué pasará con esas estrellas?” le pregunto a mi hermano, pero él calla (Y se resguarda en el silencio, en la nada) Otras pasan fugaces  —como esos misiles que caen  sobre Los hambrientos— y se difuminan  cuando al endeble cuerpo  lo difaman la sangre, la muerte, y la llama Pero, ¿y qué serán de aquellas  que perdidas en la nada  son arropadas por lo lejos?  Cómo será su andar  cómo su viaje audaz  cómo su tiempo Ahora que lo pienso  su viaje de allá hasta acá  mastica su cuerpo  que es un poco de luz un poco de viento  Le cuento el sueño a mi hermano  y veo sus ojos hambrientos: “Los escombros, los escombros  nos han salvado”, dice, sediento  Mi madre muerta, a la muerte invita ...

Carpe diem

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Un particular profesor de literatura llega a una institución educativa que enseña bajo los principios conservadores del  honor, la disciplina y la excelencia. Allí, empieza a enseñar con métodos bastante revolucionarios: enseña fuera del aula, lee poesía en voz alta y destruye, junto a sus estudiantes, los módulos que tratan de explicar la poesía como una estructura inamovible. Insiste en vivir el presente y disfrutar la vida, y aprender a ver el mundo. Un verdadero rebelde en medio de un sistema de enseñanza rígido, anacrónico y católico. Evidentemente, y como ocurre siempre, el profesor es visto con desdén, desconfianza y hasta desprecio por aquellos profesores que son incapaces de buscar formas más profundas de enseñar: el diálogo, la lectura, el silencio. Al final, como suele ocurrir siempre, y debido a una serie de sucesos que ocurren con algunos jóvenes que deciden romper los esquemas, el profesor es expulsado de la Institución, y todo siguió siendo igual. Había muerto Carpe ...

Nohelia

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                                                                                  Para Zurisadai  1. Como la espuma del mar que deja su rastro en la arena  Como las ramas de un árbol que delimita con paciencia su sombra  Como la imagen que el fuego deja en el recuerdo del carbón  Como la piedra desprendida en la montaña que espera por inercia su caída  Como la lluvia que un día dejó de añorar la horizontalidad del río Como la tarde que tiene su piel tatuada por el sol  Como el insomnio del río donde anochecen los peces  Como la caricia que escribe en silencio el amor sobre la piel Como la marca macabra en el brazo del esclavo  así quedaste indeleble en mi lenguaje  2. Tus ojos se hicieron ceniza  ...

Declaración de amor

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                                 Para Félix Josué   Hijo, Las horas a veces serán amargas  A veces el río cristalino será una cloaca  Y el cuerpo, una celda olvidada  en cualquier camino  A veces, sentiremos como si cargáramos               una carencia en el alma  pero es mejor mantener el vacío  que llenarlo con una falsa esperanza  La vida será, uno que otro día, un plato fétido olvidado en el comedor  Los amigos, un álbum de nostálgicas traiciones La familia, un racimo de malvados incendios que a veces nos aleja de la espesa oscuridad  Saldrás a la calle y te encontrarás un cadáver  que ahora es solo el recuerdo de alguien que no aprendió a olvidar  ¿Lo entiendes? Olerás el rigor de la muerte  arrebatando de nuestras manos, la flor El álgido color de la ausencia  aparecerá en tu camino El tiempo,...

Una gota de Cortázar

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Ser una gota en la lluvia  q ue es Cortázar   Conocí a  Cortázar en la universidad. Recuerdo que leí uno de sus cuentos y quedé deslumbrado. Luego otro y otro. Cuando describí su vocación de crítico y ensayista quedé aún más sorprendido, pues me parecía un hombre profundamente lúcido, era uno de esos escritores que escriben impulsados por la experiencia de la vida y de la literatura misma, desde luego. Luego conocí su voz; esa vibrante múltiple arrastrada, entre la lengua y el paladar. Leí algunos cuentos y poemas. Porque ante todo, y hay que decirlo casi que como un acto de justicia, Cortázar es un poeta. Un prestidigitador del lenguaje. Capaz de alterar la realidad con un par de palabras.  Después leí Rayuela. Y fue entonces cuando el deslumbramiento creció. Una historia de amor leída como sucede el amor: con saltos, con altibajos, con límites muy concretos, como una Rayuela. Conocer París y ronronear los cafés. Sentir el frío que se avista con la brisa.  Hay...