El preludio de un posible desastre
1. Mañana se surten las elecciones en este país que, como dice García Márquez, “no ha tenido un solo instante de sosiego”, por cuenta de la guerra, una guerra absurda e injusta que ha cobrado millones de víctimas, la mayoría pobres campesinos sin futuro. Un país cuyo pasado es de sangre y, por lo que veo, se vislumbra en un futuro incierto y rojizo. Este país no ha aprendido de tanta muerte y tanta desolación. Pero hay que insistir.
2. Hay dos candidatos; uno, que ha labrado una carrera académica y política a pulso y que no tiene ninguna, oigase bien, ninguna investigación. Un candidato que desde que lo conozco ha hablado de paz, apesar de que fue víctima de la guerra cuando le mataron a su padre, ha escrito libros denunciando la corrupción e hizo debates contundentes en el congreso, que revelaron la triste alianza entre políticos y el paramilitarismo: la parapolítica. Un candidato sobre el que se tejen acusaciones falsas, pero que hasta ahora, nadie ha podido demostrar que alguna sea cierta.
3. El otro, un día se despertó en su mansión en Italia, y se le ocurrió que, así como había alcanzado todo el éxito hasta ahora acumulado, era hora de ser presidente de un país como Colombia, de un país que no conoce y que no merece gobernar. Emprendió, entonces, una campaña para desmentir todo aquello que era y que había dicho, antes de querer ser presidente: su odio a los pobres, su desprecio a la comida y la música costeña, su ateísmo y su evidente tendencia a matar animales, cazándolos o por diversión. Un flamante abogado que, óigase bien, defendió a mafiosos, narcos, paracos, violadores, feminicidas, y ahora nos trae un discurso de pureza; un candidato que ahora nos promete atacar a aquellos que fueron sus clientes, y quienes forjaron su riqueza. Ah, y que promete bala para quien se atreva a pensar diferente.
4. Me importa este país: aquí nacieron mis antepasados y aquí nacerán mis descendientes. Amo este país aunque deteste a alguna gente que lo habita por su incapacidad para ver lo bello que es y lo improcedente que es envenenarlo con fracking, que no ve el riesgo que es entregárselo a quien no tiene escrúpulos ni palabra. Pero ese amor paradójico es suficiente para intentar evitar que un atarbán sin ideas ni convicciones, impida un gobierno centrado en los que siempre fueron olvidados. No será un ciudadano norteamericano, disfrazado de patriota, que ni siquiera prestó el servicio militar, quien pueda resguardar nuestros recursos y nuestra soberanía.
Piensa bien tu voto: reflexiona antes de darle la confianza a alguien que no la merece.
Félix Molina-Flórez
Poeta
y docente

Comentarios
Publicar un comentario