De la democracia y otras desgracias
1.
El poeta Álvaro Mutis denostaba de la democracia y prefería las monarquías absolutistas. Creía que era peligroso poner en las manos de gente desinformada, indolente y acrítica, la responsabilidad de, por ejemplo, poner presidente. Exageraba Mutis en admirar las monarquías, pero su crítica a la democracia es válida, sobre todo en tiempos en los que la información está a la mano y la gente escoge la desinformación. Rayarle la cara a un candidato, es solo una parte de la democracia. La otra, la fundamental, pasa por informarse, por mirar la realidad con un poco de sensibilidad por los otros. Nos falta dejar de ser tan manipulables, indolentes, ciegos del alma.
2.
Ganó Abelardo la primera vuelta. Qué peligro. Un hombre violento, machista, iletrado (aunque abogado) e indolente. Lo raro es que mucha gente se sienta identificado con él. Incluso gente que pasó por las facultades de humanidades y de arte. Pero eso es, también, la democracia; poder elegir a quien en el fondo es parecido a nosotros.
3.
Quizá De La Espriella sea presidente. Ya no me sorprendería. Por eso escribo estas palabras como un silencioso testimonio de lo que vendrá: bajo el mandato de un hombre sin ética, sin principios, sin escrúpulos, sin ideas y sin convicción. Sólo un artificio del momento, de las redes, del odio, la ignorancia y la incoherencia de la gente que se cree de otra clase.
4.
Si gana Abelardo la presidencia quizá el sueño de la educación superior gratuita sea un nostálgico recuerdo, como todos los recuerdos bellos. Quizá se acabe la asistencia para los viejos y los estudiantes pobres, porque él cree que el pobre es pobre porque quiere; como Milei, su admirado Milei, quien ya le da carne de burro a sus compatriotas.
5.
Yo seguiré siendo un docente con un salario digno, pero tendré que ver —desde esa burbuja construida a pulso— cómo el sueño de un país justo, digno y bello, por el que lucho a diario desde las aulas y las palabras, es presidido por el defensor de la mafia, por el patriota que no prestó el servicio militar, por quien cree que la comida de los pobres es un 'potaje carcelario' y que ahora es una caricatura con poder; por un tipo que cree que la muerte es la solución para un país cuyas fronteras más próxima están marcada por la muerte.
Pd. Qué iluso yo al creer que un país que no piensa elegiría a un filósofo de presidente. Sin embargo, no hay que resignarse.

“Cuando la emoción reemplaza al juicio y el espectáculo sustituye las ideas, la democracia corre el riesgo de convertirse en una representación más que en un proyecto de nación” (Ortega y Gasset)
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